Arqueologías Contemporáneas

Por Miguel Cereceda
Tal vez sea una característica de nuestra nueva cultura arquelógico-monumental, pero incluso un turista despistado, paseando por cualquiera de las ciudades europeas, advierte de inmediato que nuestras ciudades y nuestra cultura se asientan sobre una tradición milenaria, bajo la que es posible encontrar otras ciudades y otras culturas. Cuando uno penetra, por ejemplo, en el nuevo museo de la catedral de Murcia, accede a las salas a través de un pasillo de cristal, construido sobre los restos arqueológicos de la antigua mezquita árabe, y se encuentra, antes de entrar, con un sorprendente sarcófago romano con la imagen de las nueve musas, sarcófago que fue reutilizado al parecer también como sepulcro cristiano.

Esta estratificación de ciudades ocultas o de culturas no visibles debajo de nuestros pies es el hilo conductor que le ha servido a Nicolas Bourriaud para construir la trama argumental de este interesante proyecto de arte contemporáneo que, con una vaga evocación bienalística, acaba de ver la luz en Murcia. En la rueda de prensa de presentación de la criatura, el propio Consejero de Cultura de la Región afirmó que, con la idea de un «proyecto de arte contemporáneo», se trataba de conjurar explícitamente el peligro del bienalismo y de la espectacularización que por doquier parecen acechar a la creación actual, con lo que implícitamente se daba a entender que con ello se pone en marcha una nueva bienal de arte contemporáneo, radicada en esta ocasión en Murcia, pero que su objetivo no es en absoluto complacer, divertir o agradar particularmente al público.

No las gentes, sino el lugar. Acaso en este espíritu, su comisario, el antiguo director del Palais de Tokyo, Nicolas Bourriaud, ha eludido deliberadamente algunas demandas y exigencias de la prensa local, que se quejaban de la ausencia en este proyecto de artistas murcianos, y se ha centrado, sin embargo, explícitamente en el tema que le sedujo inicialmente, el de los estratos, que curiosamente tiene una relación mucho más directa de lo que parece con la ciudad en la que el proyecto se desarrolla. Pues, en efecto, el motivo de los distintos estratos arqueológicos o de las capas enterradas de la tradición o la cultura le sale constantemente al paso al que simplemente se pasea por la ciudad: los restos de la muralla árabe se protegen y musealizan de modo que parecen los cimientos o los escombros de una obra y, lo mismo que la catedral se yergue sobre la antigua mezquita, el viejo convento de las clarisas desarrolla su vida contemplativa en el interior de un bellísimo palacio mudéjar del siglo XIII. Tal vez también por eso se han seleccionado para esta muestra espacios expositivos como el Museo Arqueológico o el mencionado convento.

La idea de excavar o de escarbar para encontrarse con su tradición o con su pasado no es en absoluto extraña en el arte contemporáneo. Particularmente, las arqueologías industriales de los Becher o de Robert Smithson ya apuntaban en la dirección de contemplar el presente con ojos arqueológicos, y buena parte de las excavaciones de los artistas del land-art exploraban la tierra buscando en ella nuevos signos de identidad. Las arqueologías sirvieron también como modelo en el arte de la vanguardia, tanto en Picasso como en De Chirico y, al menos desde Hubert Robert, en el siglo XVIII, todo el arte romántico quedó hechizado por lo que dio en llamarse «la fascinación de las ruinas». Nicolas Bourriaud ha querido entender nuestra exploración postmoderna del pasado como el contrapunto con el que la tradición moderna miraba hacia el futuro. Se trata entonces de recomponer estratos de lectura de la propia realidad a partir del trabajo de los artistas que la exploran con esta nueva mirada. Mirada que convierte al artista contemporáneo, como quiere Diego Perrone -uno de los aquí seleccionados- en un «pensatore di buchi» (pensador de agujeros).

Coordinación. De este modo se presenta ahora en Murcia una muestra bienalística, extraordinariamente bien organizada y coordinada, con la obra de unos veinte artistas internacionales, que han centrado su mirada en uno u otro sentido sobre estas arqueologías contemporáneas.

De entre ellos me gustaría destacar algunas propuestas particularmente interesantes por sus resonancias. Acaso de todas ellas, las más llamativas sean las intervenciones hechas en el exterior tanto por Lara Almarcegui, como por los franceses Abraham Poincheval y Laurent Tixador.

Estética sublime. Mientras que Lara Almarcegui ha restituido los escombros de un edificio al solar al que pertenecían, desplegando así una obra de ruina contemporánea con resonancias estéticamente sublimes, Poincheval y Tixador, acostumbrados a un arte heroico de resistencia y supervivencia en espacios hostiles, deciden cavar en el parque un túnel de veinte metros de largo en cuyo interior vivirán durante el tiempo que dure la travesía. El mencionado Diego Perrone también parece haberse especializado en la excavación de diversos agujeros, en cuyo borde se sienta para contemplar su extraña profundidad y, al parecer, el denostado Allan McCollum, especializado en la producción en serie de cerámicas de distintos colores, ha descubierto ahora el elemento expresivo de los restos arqueológicos de Pompeya.

Por último, el trabajo de un artista neurótico, atormentado y agorafóbico: Gregor Schneider. Presenta un mareante vídeo con un recorrido espectral por su propia casa, en la que ha construído, a lo largo de quince años, habitaciones dentro de habitaciones, con puertas, paredes y escaleras que no parecen conducir a ningún sitio y que se mueve por las estancias, descendiendo hasta los sótanos y los pozos negros de la casa, abundando en una oscura reflexión angustiosa y verdaderamente claustrofóbica. Son sólo treinta minutos, pero consiguen que uno se ponga enfermo.

Un cubo negro. El trabajo de Schneider fue censurado en la Bienal de Venecia de 2005 por pretender construir en la Plaza de San Marcos una especie de réplica arqueológica, un cubo negro de nueve metros de lado que, en opinión de los organizadores, evocaba excesivamente a la Kaaba de la Meca. ¿Habrá algo más inocuo y neutral que un mero cubo negro?

http://www.abc.es/abcd/noticia.asp?id=9067&num=836&sec=36

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